¿ A quién decirlo y a quién no ?
 


La decisión de decirlo es totalmente personal y distinta en cada uno de los casos.

Cada persona reacciona de distinta manera al saber que es portadora del virus y como dice un conocido refrán: "Cada persona es un universo". En un primer momento te vas a sentir sucio o que le has fallado a tu familia, a tu pareja y a tus amigos. Tranquilízate... porque nadie busca enfermarse a propósito. Como primer punto debes considerar si existe el riesgo de haber contagiado a otras personas antes de tu notificación como seropositivo. Recuerda que por cada seropositivo confirmado existen diez que aun desconocen de su situación.

Es mejor que enfrentes los problemas con madurez. No es fácil, pero tampoco imposible y de cierta manera te sentirás tranquilo de no exponer a otros seres humanos al contagio por terceras personas. Recuerda además que si contagiaste a alguien fue sin querer hacerlo pues tu mismo desconocías de tu situación. Si por el contrario, aun sabiendo que eres portador del virus decides arriesgar la vida de otras personas, debes pensar en la seria posibilidad de buscar ayuda psicológica para descargar toda la ira que puedas guardar.

Si no estás seguro de cómo reaccionará la otra persona al conocer tu situación, puedes recurrir a encaminar una conversación casual hacia el tema del VIH y sugerir a tu interlocutor que es una buena costumbre el practicarse un examen cada año y preguntarle cuándo fue el último del que tiene memoria.

Considero que lo más difícil es comunicar a los familiares sobre nuestra condición. Piensa que ellos tendrán la misma reacción de impotencia que sentiste cuando leíste el papelito comunicándote que eres portador del virus de inmunodeficiencia humana. Lo mejor será que escojas un día que no se relacione con festividades como: cumpleaños de alguien, Navidad, Año Nuevo o algo parecido, pues esa fecha quedará por siempre marcada en la vida familiar.

Tanto ellos como tú deben entender que se puede vivir una vida 95% normal y las posibilidades de contagio por accidente son mínimas hasta el punto de ser casi imposibles, eso sí, conservando las normas de higiene apropiadas en el hogar. Tampoco tienes que preocuparte por ser contagiado por gérmenes y virus de tu familia.

Así como tu debes aprender a convivir con el virus, ellos también deben aprender a convivir con el virus que llevas dentro de tu ser. Verás que el apoyo familiar es una pieza clave en el mantenimiento de tu salud física, mental y espiritual.

Con respecto a los amigos: repito que solo tu eres el único que puede determinar en quien confiar y en quien no. Hay gente que por una tonta moda busca ser amigo de un seropositivo para tener un nuevo tema de conversación en las tertulias alcohólicas entre camaradas, y otras por el contrario guardarán tu secreto y se hermanarán contigo. Date todo el tiempo que necesites para escoger a quienes apoyarán y compartirán tu secreto.

Como punto aparte, hay ocasiones en las que sentirás que debes advertir a ciertos profesionales sobre tu condición, como es el caso de los: dentistas, sacerdotes, masajistas, peluqueros-estilistas, manicuristas, etc., para que tengan más cuidado al estar en contacto contigo. Recuerda que un buen profesional es aquel que no corre riesgos de contagio para sí mismo como para el resto y usará instrumentos desechables o esterilizados como son: agujas, hojas de afeitar, peinillas y todos aquellos que entrarán en contacto directo con tu cuerpo. Es preferible que te cerciores de la higiene practicada en el instrumental usado por aquellos profesionales porque es mucho más fácil que tu te contagies de hongos a que una tercera persona se contagie de tu cepa de virus.

Repito: la decisión es solo tuya.